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no estoy contento de mí mismo
he incumplido la tarea de ser yo
he faltado a las normas del colegio
y no besaré ya más el culo de un gato
andaré ahora entre monos
como en el Laoconte de los monos
belleza perfecta hecha para ser sólo
el novio único de la nada leopoldo
maría panero
dulce belladona...
carolina meloni
Hay una foto de Alberto García-Alix que, como todas las de este
fotógrafo, posee una belleza grotesca, casi dolorosa. Ésta, sin embargo, es
especial. En blanco y negro, “Nacho y Michelle”, el actor, desnudo y con
calcetines blancos, mira a la cámara fijamente a la vez que sostiene en sus
manos las piernas abiertas de Michelle (Belladona), quien con ojos cerrados,
nos ofrece, tan tierna como indiferentemente, su sexo y su ano. Al parecer,
la foto sirvió de portada para la edición española de la revista “Rolling
Stone” en Febrero de 2002. Sin embargo, en dicha portada, los
genitales de la actriz porno se taparon con un recuadro negro, en el que se
podía leer el siguiente titular: “El hombre del pene de un millón de euros”.
Michelle fue durante un tiempo pareja oficial del rey del porno.
Ambos hicieron trabajos inolvidables para los amantes de dicha industria.
Belladona, tal como se la conoce dentro del mundo del porno, provocaba
auténticas histerias de sus fans en las ediciones del Festival de Cine Erótico
de Barcelona, cada vez que subía al escenario y se dedicaba a repartir
a diestro y siniestro camisetas que previamente habían pasado entre sus
piernas. Una de sus mayores especialidades —así como gusto privado, según
sus propias confesiones— eran los trabajos de su ano. A Michelle la
volvían loca todos aquellos objetos que, en un determinado momento, se
pudiesen introducir en el culo (desde botellas, bates de beisbol, dildos gigantes,
puños de gomas, etc.). Tampoco se podía resistir a las dobles penetraciones.
Para todo esto, además de una excelente profesional, Michelle
poseía una pasión incontrolable.
En su libro sobre el actor (Nacho Vidal. Confesiones de una estrella
del porno), David Barba nos habla de esta relación. Incluso se nos cuenta,
casi de manera impúdica por paradójico que parezca, todas las pequeñas
perversiones y juegos eróticos a los que Michelle sometía a Nacho.
Después de tanto follar y de trabajar follando, a Michelle le gustaba jugar.
En uno de los juegos que se nos relata, Belladona se hace pasar por un adolescente
de 15 años. Su clítoris se tranforma en pene. Su ano entra ya en
una relación homosexual. Toda ella cambia de género. Su cuerpo siliconado
y femenizado hasta un límite extremo, como sucede en la mayoría de
las actrices porno, se vuelve masculino. No para restablecer reglas oposicionales
de género ni para poner en marcha un juego homosexual clásico,
tal y como se admite en determinadas escenas del porno heterosexual. Nacho
y Michelle, iconos de la masculinidad y de la feminidad exarcerbada,
rompen con la lógica de los géneros al introducir la desestabilización en el
corazón mismo de la pareja heterosexual. Hace unos meses, concretamente en mayo del pasado año, en una
de las últimas ediciones de “Crónicas Marcianas”, Nacho Vidal anunció su
retirada de las pantallas del porno. La razón que en su momento adujo era
tan simple y banal como el enamoramiento. Al parecer, el actor había decidido
abandonar el mundo del porno por amor a Franceska Jaimes, modelo
colombiana con la que pensaba casarse. En el II Festival Internacional
de Cine Erótico de la Ciudad de México, Nacho declaró que una mujer,
por más liberal que sea no podría soportar que su marido estuviera con
otras. “Después de dos años y medio de relación, hemos decidido casarnos
—según declaraciones recogidas por el diario “El Mundo” (31 de mayo de
2005)—. Ella me conoció así [en el cine pornográfico], y yo sé que a ninguna
mujer le gustaría un marido así”; incluso, afirmó: “siempre he tenido
relaciones a la par de mi trabajo, pero creo que ésta merecía que yo parara,
pues para cualquier mujer u hombre que esté enamorada, es difícil
comprender lo que hace tu pareja”. Por eso, su única aspiración con Franceska
no era otra que casarse y tener hijos.
Para todos aquellos que en un momento llegamos a fantasear que
el mundo del porno podía comenzar a desestabilizar los códigos de la llamada
pareja heterosexual, estas declaraciones han dado al traste con nuestras
ingenuas fantasías. No significa esto que hiciéramos de Nacho Vidal
el gurú de dichas desestabilizaciones (¡dios nos libre de semejante estupidez!).
Pero lo interesente del caso “Nacho y Michelle” residía precisamente
en que los temblores comenzaban a producirse allí donde la feminidad
y la masculinidad se defendían hasta un grado extremo. “El hombre del pene
de un millón de euros” jugaba a todo tipo de trans-formaciones y transgenerizaciones
en su alcoba matrimonial. Su mujer no soñaba con los consabidos
retoños ni con la paz de una familia, tampoco con el tan alabado
poder femenino de reformar y reeducar con los aromas hogareños al macho
descarriado. Belladona soñaba con dildos y juguetes de plástico, deliraba
de placer ante los puños de un fist fucking, rozaba la locura con botellas,
palos, bastones, y todo tipo de objeto que pudiese devenir instrumento
de placer para su dilatado ano. Los perfumes de Belladona son los del lubricante,
vaselinas, latex, cuero y sudor. La tranquilidad de la pareja sólo
sabe verla desde el vértigo de sus tacones de aguja.
Nacho redujo de un plumazo todo este mundo al afirmar que el deseo
de toda mujer se halla en el núcleo monogámico de la pareja heterosexual.
Consideró que todo placer puede reducirse al tan cotidiano dormitorio
matrimonial. La foto de García-Alix ya lo anunciaba. Con sus calcetines
blancos, a pesar de su desnudez, Nacho Vidal se parece a un marido aburrido
en el que no podemos encontrar ningún rastro de erotismo. Michelle,
en cambio, abierta de piernas, se muestra sensual hasta el asombro. Con
sus ojos cerrados, su rostro transmite serenidad. Ternura, decíamos más
arriba. Dulce Belladona, sigue deleitándonos con tus placeres ocultos...
[Después de escribir este artículo
vi la película de Vicente Pérez
Herrero, “La piel Vendida”. En ella, a modo de entrevistas a distintos actores
y actrices del porno, se intenta retratar su vida más cotidiana. Allí,
Nacho Vidal afirma que una mañana, al despertarse, fue consciente de que
iba a ser incapaz de abandonar el mundo de la pornografía por muy enamorado
que estuviera. Ese mismo día, dejó a Franceska Jaimes]
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