ezequías blanco

(Paladinos del Valle – Zamora, 1952), es Licenciado en Filología Románica por la Universidad de Salamanca. Ejerce como catedrático de Lengua y Literatura españolas en el I.E.S. Matemático Puig Adam de Getafe (Madrid). Desde hace diecisiete años dirige la revista de creación ilustrada Cuadernos del Matemático. Ha publicado los siguientes libros de poemas: Limitación del vuelo (Salamanca, 1979); Palabras de la Sibila – edición parcial -(Editora Regional de Extremadura, Mérida, 1992); En medio del desierto (Ediciones Libertarias/Prodhufi, Madrid, 1996); Archivo de imágenes-Imágenes de archivo (Editorial Devenir, Madrid, 1999); Objetos del amor lejano –edición parcial- (Ed. P.O.E.M.A.S, Valladolid, 1999); Palabras de la Sibila –edición completa- (Lobohombre Ediciones, Madrid, 2000); Los caprichos de Ceres, (Ayuntamiento de Manzanares, Ciudad Real, 2004); Objetos del amor lejano –edición completa- (Ed. Círculo de Estudios Bibliográficos y Exlibrísticos de Madrid; Colección “Las patitas de la sombra”, Madrid, 2005) También tiene publicado un singular libro de relatos titulado Memorias del abuelo de un punk (Del Oeste Ediciones-Los libros del Oeste, Badajoz, 1997), una novela con el título Tres muñecos de Vudú (Del Oeste Ediciones- Los libros del Oeste, Badajoz, 2001) y una edición crítica de Las aventuras de Pinocho (Edelvives, Zaragoza, 2004). Por todas estas labores ha recibido más de un premio.

 

 

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no estoy contento de mí mismo
he incumplido la tarea de ser yo
he faltado a las normas del colegio
y no besaré ya más el culo de un gato
andaré ahora entre monos
como en el Laoconte de los monos
belleza perfecta hecha para ser sólo
el novio único de la nada

leopoldo maría panero

 

 
    

 

con el fatalismo que me infunde la osadía

ezequías blanco

Con el fatalismo que me infunde la osadía
comienza este poema.
Y también con la osadía que me infunde el fatalismo.
Y con la fe en un “todo” extendido por el tiempo...
Porque yo guardo dentro de mí devotamente
el gran tesoro de la admiración desencadenada
por lo que me precede y por lo que me sucederá.

Me alimento de pan tierno y violetas azules
y bebo el agua de los remotos manantiales
en el mayor de los silencios
para poder fundirme en el abrazo sin dimensión
de la grandeza universal del mundo
para poder oír las resonancias
-infantiles caballerescas eclesiásticas...-
en su enorme vastedad y abierta lejanía...

Y tanta emoción es la que siento hundirse en mis entrañas
que me deja los labios con el azul de las violetas
y el corazón como el pan tierno y la sangre igual que el agua.

Pero yo -como el hindú o el indio- nunca lloro.
Sólo intento hacer rimar con mis noches
las montañas de tu infelicidad.

 

 
 


   
 
 
 

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