brenda ascoz carrió

Nací en Torrejón de Ardoz (Madrid) en el otoño de 1974. Valencia, y Teruel y Puerto Rico en vacaciones, me vieron leer mis primeros libros y escribir mis primeros poemas, y aquellas novelas tan malas cuya acción transcurría en lugares tan ajenos a mí como Nuevo Méjico o Vietnam. Después de terminar mis estudios de enfermería y trasladarme a Zaragoza para perderme en sus calles, encontré en la Facultad de Filología y Letras a la gente que me ayudó a perder el pudor, a mostrar los textos que nunca dejé de escribir, a un público muy pequeño pero también muy querido. Y aquí estoy aquí y ahora, en Zaragoza, aquí sigo, entre literatura y hospitales, amor y muerte, los temas de siempre. En Ajeno, mi primer libro de poemas, saldrá a la luz gracias a Chorrito de plata durante este otoño aragonés. Más algún que otro premio de relato o poesía, aunque nunca demasiados –y nunca suficientes; no vaya a parecerme fácil este mundo y termine perdiendo la gracia-. Como proyecto de futuro, una novela en curso, todavía sin título y de escritura lenta, sobre universos más cercanos: el hospital y el mundo de la noche.

 

 

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no estoy contento de mí mismo
he incumplido la tarea de ser yo
he faltado a las normas del colegio
y no besaré ya más el culo de un gato
andaré ahora entre monos
como en el Laoconte de los monos
belleza perfecta hecha para ser sólo
el novio único de la nada

leopoldo maría panero

 

 
    

 

pesadilla rusa, princesa rusa

brenda ascoz carrió

La hicieron aspirar pegamento frente a la cámara,
la hicieron besar a otro niño,
regalar sus ojos azules a un documental
para su distribución a Occidente.
Le dijeron; “sonríe, son once años”.
Le dieron vodka
para que se esforzara en escribir
su nombre –Tania- sobre un cartón-manta
                                   del metro de Moscú.
La hicieron llorar.
Sus ojos azules. TAN hermosos.
(millones de espectadores lloramos también, ebrios
de hermosa compasión)

Inerte, en un pequeño ataúd
                          más rojo que sus labios anémicos,
                          menos sangriento que su muerte,
fue trasladada en volandas en el minuto cincuenta y seis.
La niña muerta pensó
Bonito lecho para el eterno descanso.
Pero era reciclable, la madera:
para el próximo cadáver,
la próxima muerte
                                  frente a la cámara.

 

 
 


   
 
 
 

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